Dado que la Constitución indica en su artículo primero que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, tendríamos que pensar que sí; pero nuestra Carta Magna también reconoce el derecho a la vivienda en el artículo 47, incluso que tenemos el deber y el derecho de trabajar según el artículo 35. Esto nos debe hacer pensar que los contenidos de la Ley de Leyes son, al menos, cuestionables.
Si dejamos a un lado los conceptos legales y analizamos la situación actual, tampoco vemos muy claro que exista una democracia de hecho. Nuestros representantes políticos y sindicales no nos representan: medidas antisociales, corrupción sin tapujos, ordeno y mando... Da igual que tengamos un Gobierno supuestamente de izquierdas o que llegue uno de derechas, ya lo dijo Quevedo en el siglo XVII: "Poderoso caballero es don dinero". Y es precisamente al dinero a lo único que rinden cuentas y por lo único que legislan.
"La crisis está poniendo las cosas en su sitio"... pensarán algunos de nuestros próceres. Estamos perdiendo derechos sociales, el trabajo es precario y el bienestar social es sustituido a pasos agigantados por el miedo, un miedo atroz a perder lo poco que tenemos. El miedo es un voraz comensal y una de las primeras cosas que devora es la Libertad de Expresión. ¿Quién se atreve a decir lo que piensa cuando su puesto de trabajo peligra? ¿Quién habla con libertad cuando la renovación de su contrato depende del político de turno? La Democracia languidece con el miedo.
La crisis enriquece al que ya era rico y hunde más en la pobreza a quien no lo es. Nuestros políticos rinden pleitesía a la Banca despreciando al Pueblo ¿soberano? La avaricia esquilma al Planeta y nuestros hijos no tienen futuro. ¿Vivimos en un estado democrático?
Es muy posible que nuestra respuesta sea negativa y que nos indignemos al pensar en tanto especulador sin escrúpulos, tanto banquero avaricioso, tantísimo político corrupto... pero tras estos culpables evidentes estamos nosotros, consintiendo sus acciones con nuestra pasividad. Es necesaria una reestructuración del sistema financiero mundial, eliminando la especulación y, como paso imprescindible, acabar con la corrupción a todos los niveles. Es hora de depurar responsabilidades y de que muchos cambien la comodidad de sus sillones por una, más que merecida, estancia entre rejas. Pero sobre todo, es hora de que asumamos nuestro deber y exijamos la marcha de los corruptos desde las urnas, convirtiendo la calle en un clamor para defender nuestros derechos.
¿Vivimos en un estado democrático? No, pero podemos alcanzarlo con nuestro esfuerzo. ¿Existe la democracia? Sí, pero es débil y depende de nosotros que le damos la espalda. Es hora de alzar la voz y luchar por lo que nos pertenece. Juntos podemos.
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